Con más de tres décadas dedicadas exclusivamente a los mercados secundarios, Coller Capital se presenta como un especialista puro en este nicho del private equity. Cuenta actualmente con 40.000 millones de dólares en activos bajo gestión (AUM), según datos de abril de 2025.
Coller Capital ha intensificado recientemente su apuesta por el canal de banca privada, incluyendo alianzas con grandes entidades europeas como Deutsche Bank. En un contexto donde los mercados privados despiertan un interés creciente entre los inversores particulares —por su potencial de rentabilidad, diversificación y baja correlación con los activos cotizados—, la firma apuesta por acercar esta clase de activos a perfiles no institucionales. Hablamos con Boris Maeder, responsable de desarrollo de negocio para este segmento, sobre el papel que pueden desempeñar los secundarios en las carteras individuales,.

Coller Capital se define como un especialista puro en secundarios. ¿Cómo se traduce eso en la práctica?
Llevamos 35 años dedicados exclusivamente al mercado secundario. No es una estrategia que hayamos incorporado con el tiempo: es nuestro punto de partida y sigue siendo nuestro eje central. Esa especialización nos ha llevado a construir el equipo de inversión más grande del mundo en este nicho. Solo así podemos analizar un volumen suficiente de oportunidades y aplicar un criterio verdaderamente selectivo: rechazamos el 99% de las operaciones que analizamos. Ese enfoque riguroso nos permite mantener un perfil riesgo-retorno muy sólido, con una menor volatilidad y tasas de pérdida inferiores a las de otras estrategias dentro del universo de private markets.
¿Qué aporta este segmento a la cartera de un cliente?
Una combinación difícil de igualar: retornos atractivos con menor riesgo. Por su propia naturaleza, los secundarios ofrecen mayor visibilidad y diversificación, lo que los convierte en una herramienta muy eficaz para construir la base de una cartera. Si observamos cómo estructuran su exposición los inversores institucionales, suelen diferenciar entre inversiones core y satélite. Los secundarios encajan perfectamente en ese núcleo central que aporta estabilidad, y creemos que esa lógica también debería trasladarse a las carteras de banca privada.
¿Por qué defiendes que los inversores particulares deberían empezar por secundarios?
Porque están dando sus primeros pasos en los mercados privados. Y cuando construyes una casa, no empiezas por el tejado: empiezas por los cimientos. Los secundarios cumplen precisamente esa función. Son una forma estructuralmente sólida y eficiente de introducirse en este universo. Permiten reducir el riesgo, acceder a una cartera diversificada desde el inicio y obtener una mayor visibilidad sobre los activos subyacentes.
Entonces no se trata solo del producto…
Exacto. Hay que saber comunicar y acompañar; hay que hablar el idioma del cliente de banca privada y eso requiere un enfoque muy distinto al institucional. No puedes presentarte con una presentación compleja, dar por hecho que te van a entender y esperar que firmen un ticket millonario. Hace falta pedagogía. En nuestro caso, hemos montado un equipo global de 50 personas dedicadas exclusivamente al canal wealth: 25 en la parte comercial y 25 en operaciones. Queremos estar cerca del cliente y del banquero, ayudar a contextualizar esta clase de activos, explicar su función dentro de una cartera y acompañar el proceso de toma de decisiones. Sin ese trabajo previo, es difícil generar una adopción real.
¿Cuál es vuestra estrategia para mercados como España e Italia?
Creemos firmemente en el potencial del sur de Europa, pero también somos conscientes de que no basta con aplicar un modelo estándar. Son mercados que todavía están poco desarrollados en lo que respecta al acceso minorista a private markets, y que requieren una aproximación adaptada a su realidad normativa y operativa. Por eso estamos trabajando en la localización de nuestra oferta: no se trata solo de traducir un producto, sino de adecuarlo al canal de distribución local, a las estructuras disponibles y a la experiencia de usuario del cliente final. No es un proceso inmediato, pero estamos plenamente comprometidos y ya hemos dado pasos concretos en esta dirección tanto en España como en Italia.











