Se suele hablar poco de uno de los grupos que más han sufrido las consecuencias de la crisis financiera: las organizaciones benéficas. En un momento de recortes gubernamentales y caída en la donaciones, estas organizaciones han tenido que responder a la mayor demanda de los servicios que ofrecen, especialmente necesarios en época de dificultad económica. Según revela la firma internacional de análisis Cerulli Associates en su informe The Cerulli Edge-Global Edition, esta situación ha llevado a un número creciente de organizaciones benéficas a invertir sus activos en productos alternativos con el objetivo de maximizar las rentabilidades.
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