El BCE actúa para contener los bonos: primeras reacciones de las gestoras internacionales

Se cumple un año de la (in)famosa frase de Christine Lagarde: “No estamos para controlar las tires de los bonos”. Y cómo ha cambiado el discurso. En la última reunión el Banco Central Europeo ha mandado un mensaje claro a los mercados: sí están vigilando los movimientos de la deuda.

Lo han recalcado desde el primer párrafo del comunicado. Han adelantado que acelerarán la compra de bonos bajo el programa PEPP en respuesta directa a las recientes subidas de los precios de los bonos. Según justifican, busca prevenir el endurecimiento de las condiciones de financiación, que es incompatible con contrarrestar el impacto a la baja de la pandemia en la trayectoria proyectada de la inflación. “La presidenta Lagarde no dejó ningún atisbo de duda: el BCE mantiene el firme compromiso de mantener las favorables condiciones de financiación en la zona euro”, valora Wolfgang Bauer, gestor del equipo de renta fija de M&G.

A algunos gestores, como a Adrian Hilton de Columbia Threadneedle, les surgen preguntas. “Presidir el Consejo de Gobierno debe ser como pastorear gatos. La aparición de Lagarde en la conferencia de prensa posterior a la reunión dejó la clara impresión de que el consenso que logró es frágil”, comenta.

Aun así ha sido un gesto mayor de lo que esperaba el mercado, que vaticinaba una cita de transición. Con el movimiento, Lagarde aplaca los recientes miedos por la inflación. Es más, en su actualización de previsiones macro refleja que solo lo ven como un repunte pasajero. Han incrementado su estimación de inflación para 2021, pero se mantiene igual en 2022 y 2023. Y, de nuevo, por debajo de su objetivo del 2%.

El BCE, más firme que otros

Es un mensaje más firma que el que han lanzado otras entidades monetarias. Como la Reserva Federal, que ha sido más de palabras que acción. “Dadas las expectativas de crecimiento relativo que favorecen a EE.UU. en este momento tiene sentido. Especialmente a la luz del mayor estímulo fiscal de EE.UU. y el despliegue más rápido de las vacunas”, comenta Paul Brain, responsable de renta fija de Newton IM (parte de BNY Mellon IM).

Aunque esto quizás cambie en la cita de la semana que viene de la Fed. Esty Dwek, resposable de Global Market Strategy de Natixis IM Solutions, no descarta una intervención en esta línea y que sea más contundente que en las últimas semanas. “la Fed podría hablar de la Operación Twist como una forma de respaldar el extremo corto y limitar el extremo largo”, plantea.

El problema es que inevitablemente hará falta buscar apoyo de la Fed. El BCE podrá ayudar a compensar en cierta medida el injustificado endurecimiento. Pero como explica Anna Stupnytska, economista global en Fidelity Internationales en última instancia la Fed la que podría tener que intervenir y poner coto al aumento global de los rendimientos de forma más contundente. “Esperamos que eso ocurra en algún momento, sobre todo si el ajuste del mercado se vuelve más rápido y desordenado”, comenta.

Un gesto claro para aplacar los bonos en la última reunión del BCE

De momento, el elemento de sorpresa ha dado una primera victoria a Lagarde frente a los mercados. Pero profundizando un poco más, a Andrew Mulliner le da la sensación de que el BCE está exprimiendo la mayor cantidad de jugo de su política monetaria. “Lo que es tanto alentador como indicativo del limitado margen de maniobra que tiene actualmente”, explica el director de estrategias agregadas globales de Janus Henderson.

La clave del aumento del programa de compras por la pandemia no es el aumento en sí. Sino en que es explícitamente un gesto. “Técnicamente, el aumento de las compras en PEPP podría haber sido algo que podría suceder automáticamente bajo la configuración de política anterior. Sin embargo, Lagarde fue clara en que se trataba de una decisión de política monetaria. Y además significativa”, recalca Mulliner. “El hecho de que sus previsiones de inflación sigan mostrando una desviación significativa de su propio objetivo debería ser motivo de preocupación y es en este contexto que el BCE ha decidido actuar”.

Para Nicolas Forest, responsable global de renta fija de Candriam, es una señal de que el BCE limitará las tasas de interés a largo plazo en la zona euro. Que evitará que el rendimiento de los bonos centrales a diez años se mantenga en territorio positivo. También supervisarán los mercados de bonos de crédito con una visión holística del mercado de bonos europeos, defiende. La gran pregunta será si el PEPP y la comunicación es suficiente. “El BCE se enfrenta a un complicado acto de equilibrio entre prevenir la presión inflacionaria y apoyar a un gobierno endeudado. Sin duda, el mercado pondrá a prueba las reacciones de la función del BCE y su capacidad para evitar una venta masiva de bonos”, vaticina.

Implicaciones para los mercados

La primera reacción del mercado ha sido positiva. Los yields de los bonos vuelven a caer. Sobre todo los periféricos, como el BTP italiano. Para Annalisa Piazza, analista de renta fija de MFS IM, es una muestra de que el BCE sigue siendo un claro apoyo para los bonos del Estado europeos. Y eso sigue justificando el rendimiento superior de los EGB frente a los del tesoro americano (UST) y los Gilts. «Sin duda, el BCE sigue siendo el banco central más moderado, totalmente respaldado por el contexto macroeconómico y los riesgos a corto plazo», afirma.“El BCE acogerá con agrado los movimientos inmediatos del mercado ya que son coherentes con su intención de mantener unas condiciones de financiación favorables y de apoyo a la economía”, valora Paul Diggle, economista de Aberdeen Standard Investments.

De cara a las carteras, Mohammed Kazmi, gestor y macroestratega de UBP AM, sugiere algunas ideas. “Estamos posicionados para el riesgo de que los rendimientos se muevan al alza a medida que las economías se reabren y el crecimiento continúa repuntando. Sin embargo, tomamos esta exposición a través de los tipos en dólar frente al euro”, propone. La Fed por ahora parece más cómoda con este movimiento alcista en los tipos. Esto debería permitir que el diferencial de tipos de interés entre el dólar y el euro se mantenga amplio.