La inversión en activos alternativos ha crecido en los últimos años ante la necesidad de ampliar el abanico de inversiones en el contexto de bajos tipos de interés. En ese sentido, el registro de fondos y sociedades de capital riesgo se ha disparado con respecto a año anteriores. También el de vehículos de inversión libre. De hecho, más de una veintena de gestoras españolas han modificado su programa de actividades para poder gestionar o comercializar este tipo de productos.

Sin embargo, hay otros como los Fondos de Inversión a Largo Plazo Europeos (FILPE) que han tenido poco desarrollo por la falta de flexibilidad en la política de inversión. Y que podrían ser una buena alternativa en el contexto actual.

Según los datos de la Comisión Europea, desde abril de 2015, fecha en que fueron regulados, solo se han creado 27 FILPE en la Unión Europea, de los que solo se comercializan 22 (incluso algunos países no cuentan con ningún vehículo autorizado). Y tienen unos activos netos bajo gestión inferiores a 2.000 millones de euros.

Características

Los FILPE tienen como objetivo impulsar las inversiones europeas a largo plazo en la economía real. “Proporcionan financiación de carácter duradero para proyectos de infraestructuras, empresas no cotizadas o pequeñas y medianas empresas (Pymes) cotizadas. Éstas emiten instrumentos de capital o de deuda para los cuales no existe un comprador fácilmente identificable”, explica José Carlos Sánchez-Vizcaíno, director de Supervisión de Depositaría en Cecabank.

La canalización de inversiones a través de estos instrumentos financieros regulados “permite  que los proyectos puedan ser seguidos y supervisados por el propio mercado, favorece el control de posibles conflictos de interés o de posibles prácticas no adecuadas e incrementa la transparencia y la información a los inversores”, apunta Ramino Martínez-Pardo del Valle, presidente de Solventis.

Con estas características, el FILPE “debería convertirse en el futuro en una gran oportunidad. Facilitaría que los inversores minoristas tengan acceso a ese tipo de inversiones”, sugiere Pablo Sanz, director de Operaciones en Arcano. Lamentablemente, no lo ha hecho, en su opinión, por no tener un régimen fiscal. “Una vez más, corremos el riesgo de que Luxemburgo sea pionero y se desperdicie la posibilidad de que España innove en la gestión de activos”, critica.

Ideas de mejora

Precisamente, la Comisión Europea lanzó en septiembre del pasado año una iniciativa para la revisión de la regulación. El objetivo era analizar las vías de mejora, desde la perspectiva normativa, que puedan ayudar al impulso de este tipo de vehículos. Dada “su importancia en el marco de la Capital Market Union (CMU), ya que tanto el patrimonio acumulado como el número de fondos de esta tipología son actualmente muy reducidos”, comenta Sánchez-Vizcaíno.

Son varios los aspectos que mejorarían su uso, según los expertos. Además de tener un régimen fiscal, algo en lo que coinciden todos, deberían aligerarse las exigencias regulatorias. En ese sentido, consideran que se deberían flexibilizar los requisitos para el acceso al producto por parte del inversor minorista. Actualmente está limitado a un 10% de su cartera en caso de ser inferior a medio millón de euros y a un importe mínimo de 10.000 euros.

Además, abogan porque se habilite la inversión en proyectos de menor tamaño. Para ello, se debería reducir el umbral de 10 millones para las inversiones en activos reales. Asimismo, la ampliación de la lista de activos aptos, haciéndola más heterogénea y dirigida a los nuevos fines perseguidos, puede ampliar la capacidad de los gestores para estructurar carteras que permitan una gestión y administración eficiente del binomio rentabilidad-riesgo.

Y por último, la liquidez del vehículo. Aun existiendo la posibilidad de establecer un régimen de derechos de reembolsos anticipados, es una opción poco extendida por lo que el inversor se ve abocado a esperar hasta el vencimiento para obtener el retorno a su inversión.