A nivel de producto, MiFID II se centra fundamentalmente en dos aspectos clave: calidad y valor. En este sentido, la nueva normativa dedica un capítulo muy extenso a la información que se le de debe proveer al inversor. Entre los requerimientos que exige la norma en lo que respecta a la definición de la gama de producto, MiFID II pone el acento en que los procedimientos sean repetibles y robustos, también en lo que respecta a la información que se le aporte al cliente, documentando los diferentes puntos del proceso y manteniendo un registro de todos los pasos que se han seguido para seleccionar un producto concreto, algo imprescindible en caso de que el regulador requiera dicha información. Dentro de ese marco, Morningstar viene utilizando desde hace años una serie de metodologías que van en línea con lo que ahora exige MiFID II.
Due diligence scorecard: la herramienta diseñada por Morningstar para cumplir con MiFID II

Oli Dale, Unsplash
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