La XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático celebrada en París a principios de diciembre pasado supone un hito de alcance histórico con notables repercusiones tanto para las compañías como para los gestores de activos en el ámbito financiero. El compromiso para lograr que el aumento de la temperatura global deba estar muy por debajo de los 2ºC en 2100 supone un firme objetivo para la transición hacia una economía baja en carbono a través de una fuerte reducción de la emisión de gases de efecto invernadero (GHG). Pero, ¿de qué manera los gestores de carteras y compañías contribuirán a dicha meta?
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